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Los secretos de la escucha activa

Los secretos de la escucha activaLos secretos de la escucha activa son una serie de técnicas y métodos que utilizan los mejores oyentes para captar con fidelidad el mensaje de su interlocutor. Además, gracias a éstas técnicas, conseguirás ganarte la confianza y estrechar la relación con tu interlocutor.

A continuación exponemos los principales secretos de la escucha activa:

  • Nos prepararemos mental y físicamente antes de la entrevista.
  • Debemos presentar siempre una actitud positiva hacia la escucha.
  • Abandonaremos nuestras emociones, prejuicios y opiniones antes de comenzar la conversación.
  • Controlaremos nuestras emociones y sentimientos durante el diálogo. Presentaremos una mente abierta.
  • La escucha requiere un esfuerzo de atención personal y predisposición mental para captar el mensaje.
  • Seleccionaremos, si es posible, el momento oportuno y el lugar adecuado que permita reducir las distracciones.
  • Seremos conscientes del emisor, entendiéndole, valorándole y apreciándole como una persona única.
  • Obtendremos información relevante sobre nuestro interlocutor así como de los asuntos que pueden surgir durante la entrevista.
  • Reflexionaremos sobre la personalidad del hablante y su estilo de comunicación para poder adaptarnos mejor a él a lo largo de la conversación.
  • Demostraremos al emisor que queremos escucharle. Para ello, actuaremos como si estuviésemos realmente interesados en su persona, su mundo y su mensaje.
  • Practicaremos una escucha empática, comprendiendo el discurso de quien nos habla desde su punto de vista, poniéndonos en su lugar. Respetaremos, entenderemos y nos interesaremos por sus problemas, pensamientos y emociones. Captaremos sus palabras y descubriremos sus sentimientos. Escuchar con empatía implica salir de nuestro propio yo para introducirnos en el mundo de nuestro interlocutor.
  • Respetaremos la distancia del emisor, según la relación personal que mantengamos con él. Si somos un buen amigo o un familiar, estaremos entre los 45 y los 120 centímetros. Para las relaciones profesionales y desconocidos nos situaremos entre un 1 metro 20 cm y los 3 metros y medio.
  • Mantendremos el cuerpo orientado completamente hacia nuestro interlocutor.
  • Permaneceremos con una postura general relajada, los brazos y las piernas asimétricos, las manos distendidas. Evitaremos girar la cabeza. Presentaremos una posición adelantada, inclinando el cuerpo hacia delante desde la cintura.
  • Miraremos fijamente a los ojos de quien nos habla. Tendremos una mirada limpia y honesta. Si notamos que nuestro interlocutor se siente incómodo, durante unos minutos bajaremos la mirada, pero no más de la línea de la base de la nariz. Solo fijaremos la mirada en los ojos del emisor la cantidad de tiempo que éste considere idónea.
  • Escucharemos con los ojos, igual que con los oídos. Prestaremos atención al lenguaje corporal. Interpretaremos el significado de los gestos y de las expresiones faciales.
  • Tendremos en cuenta el tono, la intensidad y el ritmo de la voz. A través de estos elementos característicos de la voz, nuestro interlocutor nos trasmite sus emociones.
  • Crearemos un clima de confianza, serenidad, calma y libertad para que la persona que nos habla se sienta libre para revelarnos sus experiencias.
  • Utilizaremos la técnica del refuerzo positivo para que el emisor continúe hablando. Para ello emplearemos palabras o frases cortas (como “sí”, “ya”, “entiendo”, “de acuerdo” o “muy interesante”) justo al finalizar él sus frases.
  • De vez en cuando, parafrasearemos las mismas palabras que hemos escuchado, es decir, repetiremos las principales palabras que soportan las ideas clave del mensaje.
  • También podemos emplear la técnica de la reformulación, repitiendo la idea principal del discurso con nuestras propias palabras.
  • Una técnica recomendable para que nuestro interlocutor continúe desvelando sus secretos es la ampliación. A través de la ampliación, le solicitamos que profundice, amplíe o clarifique ciertas ideas de su mensaje.
  • Aplicando la técnica de las preguntas demostraremos al emisor que nos interesa su discurso y le prestamos atención. Preguntando obtendremos mayor información y nos aseguramos que captamos correctamente las ideas principales del mensaje.
  • Al escuchar, asentiremos con la cabeza para demostrar a quien nos habla que le escuchamos. Frecuentemente moveremos la cabeza sutilmente arriba y abajo, diciendo sí con este movimiento. Asentir asiduamente es una buena técnica que anima al emisor a continuar hablando. Debemos asentir con naturalidad.
  • Siempre exteriorizaremos, mediante expresiones faciales, la emoción adecuada al mensaje de quien nos habla. Por ejemplo, ante un discurso gracioso, reiremos. De igual forma, si el mensaje es sorprendente, mostraremos admiración.
  • Seguiremos el ritmo de quien nos habla, amoldándonos a él. Sincronizaremos nuestros movimientos, nuestra postura y nuestros gestos corporales con los suyos. Al hablar, adoptaremos su tono, su intensidad y su ritmo de voz.
  • Nos concentraremos en el mensaje para detectar las palabras clave que soportan el contenido del discurso.
  • Una vez detectadas las palabras clave, reflexionaremos sobre ellas para extraer las ideas principales del mensaje.
  • Lograremos realizar una representación mental de las ideas clave que englobe el qué, por qué, cómo y para qué del discurso.
  • Escucharemos las ideas y los sentimientos. Junto a las ideas principales, averiguaremos los sentimientos y emociones de nuestro interlocutor.
  • Evitaremos centrarnos en los detalles del discurso que no aportan ninguna información relevante para poder concentrarnos en las palabras clave que comunican las ideas principales.
  • Aprovecharemos la diferencia entre la velocidad que nosotros tenemos para pensar y la velocidad que tiene el emisor para expresarse oralmente, con el objetivo de concentrarnos en el mensaje de éste, obtener las ideas principales y evaluar el contenido.
  • Intentaremos encontrar siempre ideas interesantes en el mensaje de quien nos habla, aunque el comunicado nos resulte aburrido. De esta forma, evitaremos desconectar de la escucha y estar siempre atentos. Buscaremos oportunidades en la conversación para desarrollar nuestros conocimientos.
  • Estaremos atentos al mensaje de nuestro interlocutor, sin distraernos por su aspecto físico, sus vestimentas o los errores que pueda cometer mientras nos habla.
  • Si no entendemos parte del significado del mensaje, descubrimos contradicciones o manifestaciones ambiguas, preguntaremos a quien nos habla para que nos clarifique estas circunstancias.
  • Si no estamos de acuerdo con el discurso o nos sentimos atacados, controlaremos nuestras emociones. No perderemos la calma, mantendremos el control. Seguiremos concentrados en la escucha.
  • Dejaremos hablar a nuestro interlocutor y terminar sus frases. No interrumpiremos. Si estamos hablando, difícilmente podremos escuchar.
  • Evitaremos dar consejos, aleccionar, llevar la contraria y cambiar de tema.
  • Alejaremos las distracciones, tanto internas como externas. Desconectaremos el móvil. Ni leeremos, ni haremos dibujos, ni jugaremos con el bolígrafo.
  • Exhibiremos en todo momento que queremos escuchar.
  • Cuanto tengamos que hablar, realizaremos transacciones suaves entre los papeles de oyente y orador.
  • Limitaremos el tiempo para hablar, sólo hablaremos lo justo. Si tenemos que captar el mensaje de nuestro interlocutor, dedicaremos la mayor parte del tiempo a escuchar activamente.
  • Finalmente, retroalimentaremos resumiendo las ideas principales del discurso escuchado para hacer saber a nuestro interlocutor que hemos captado, interpretado y comprendido la finalidad de su mensaje.